miércoles, 16 de abril de 2014

Texto narrativo


Las hadas

Érase una viuda que tenía dos hijas; la mayor se le parecía tanto en el carácter y en el físico, que quien veía a la hija, le parecía ver a la madre. Ambas eran tan desagradables y orgullosas que no se podía vivir con ellas. La menor, verdadero retrato de su padre por su dulzura y suavidad, era además de una extrema belleza. Como por naturaleza amamos a quien se nos parece, esta madre tenía locura por su hija mayor y a la vez sentía una aversión atroz por la menor. La hacía comer en la cocina y trabajar sin cesar.
Entre otras cosas, esta pobre niña tenía que ir dos veces al día a buscar agua a una media legua de la casa, y volver con una enorme jarra llena.
Un día que estaba en la fuente, se le acercó una pobre mujer rogándole que le diese de beber.
-Como no, mi buena señora -dijo la hermosa niña.
Y enjuagando de inmediato su jarra, sacó agua del mejor lugar de la fuente y se la ofreció, sosteniendo siempre la jarra para que bebiera más cómodamente. La buena mujer, después de beber, le dijo:
-Eres tan bella, tan buena y tan amable, que no puedo dejar de hacerte un don -pues era un hada que había tomado la forma de una pobre aldeana para ver hasta dónde llegaría la gentileza de la joven-. Te concedo el don -prosiguió el hada- de que por cada palabra que pronuncies saldrá de tu boca una flor o una piedra preciosa.
Cuando la hermosa joven llegó a casa, su madre la reprendió por regresar tan tarde de la fuente.
-Perdón, madre mía -dijo la pobre muchacha- por haberme demorado-; y al decir estas palabras, le salieron de la boca dos rosas, dos perlas y dos grandes diamantes.
-¡Qué estoy viendo! -dijo su madre, llena de asombro-; ¡parece que de la boca te salen perlas y diamantes! ¿Cómo es eso, hija mía?
Era la primera vez que le decía hija.
La pobre niña le contó ingenuamente todo lo que le había pasado, no sin botar una infinidad de diamantes.
-Verdaderamente -dijo la madre- tengo que mandar a mi hija; mira, Fanchon, mira lo que sale de la boca de tu hermana cuando habla; ¿no te gustaría tener un don semejante? Bastará con que vayas a buscar agua a la fuente, y cuando una pobre mujer te pida de beber, ofrecerle muy gentilmente.
-¡No faltaba más! -respondió groseramente la joven- ¡ir a la fuente!
-Deseo que vayas -repuso la madre- ¡y de inmediato!
Ella fue, pero siempre refunfuñando. Tomó el más hermoso jarro de plata de la casa. No hizo más que llegar a la fuente y vio salir del bosque a una dama magníficamente ataviada que vino a pedirle de beber: era la misma hada que se había aparecido a su hermana, pero que se presentaba bajo el aspecto y con las ropas de una princesa, para ver hasta dónde llegaba la maldad de esta niña.
-¿Habré venido acaso -le dijo esta grosera mal criada- para darte de beber? ¡Justamente he traído un jarro de plata nada más que para dar de beber a su señoría! De acuerdo, bebe directamente, si quieres.
-No eres nada amable -repuso el hada, sin irritarse-; ¡está bien! ya que eres tan poco atenta, te otorgo el don de que a cada palabra que pronuncies, te salga de la boca una serpiente o un sapo.
La madre no hizo más que divisarla y le gritó:
-¡Y bien, hija mía?
-¡Y bien, madre mía! -respondió la malvada, echando dos víboras y dos sapos.
-¡Cielos! -exclamó la madre- ¿qué estoy viendo? ¡Tu hermana tiene la culpa, me las pagará! -y corrió a pegarle.
La pobre niña arrancó y fue a refugiarse en el bosque cercano. El hijo del rey, que regresaba de la caza, la encontró y viéndola tan hermosa le preguntó qué hacía allí sola y por qué lloraba.
-¡Ay!, señor, es mi madre que me ha echado de la casa.
El hijo del rey, que vio salir de su boca cinco o seis perlas y otros tantos diamantes, le rogó que le dijera de dónde le venía aquello. Ella le contó toda su aventura.
El hijo del rey se enamoró de ella, y considerando que semejante don valía más que todo lo que se pudiera ofrecer al otro en matrimonio, la llevó con él al palacio de su padre, donde se casaron.
En cuanto a la hermana, se fue haciendo tan odiable, que su propia madre la echó de la casa; y la infeliz, después de haber ido de una parte a otra sin que nadie quisiera recibirla, se fue a morir al fondo del bosque.


Moraleja
Las riquezas, las joyas, los diamantes
son del ánimo influjos favorables,
Sin embargo los discursos agradables
son más fuertes aun, más gravitantes.



Otra moraleja
La honradez cuesta cuidados,
exige esfuerzo y mucho afán
que en el momento menos pensado
su recompensa recibirán.


Elementos de la narración:
Narrador y autor:
Narrador: El narrador es en tercera persona porque cuenta una historia que no le pasa a él, la cuenta de otras personas.
Es ausente ya que sólo cuenta lo más importante, lo exterior. No cuenta ni sentimientos ni pensamientos.
Autor: Charles Perrault.

Personajes:
Principales: Las dos hermanas que obtienen el don y el hada que se los da.
Secundarios: La madre y el hijo del rey.

Argumento y tema:
Argumento: Una madre tenía dos hijas, de las cuales una era muy amable y buena, y la otra era odiosa. Un día la hija buena fue a la fuente y se encontró a una mujer que le pidió de beber, ella le dio agua amablemente y la mujer, que era un hada, la recompensó con un don que consistía en que cada vez que hablara le saldrían flores y joyas por la boca. La madre al ver esto, mandó a su otra hija para que le diera también el don, sin embargo la hija no trató bien al hada y esta le dio el don de que cuando hablase le salieran sapos y serpientes por la boca. La madre al enterarse de esto, culpó a su hija buena y la echó, esta huyó al bosque, donde se encontró con el hijo del rey y al contarle lo que había pasado él se enamoró de ella y se casaron. La otra hija acabó siendo tan odiosa que hasta su madre la abandonó y como nadie la quería se fue a morir al bosque.
Tema: Las consecuencias de nuestras acciones.

Espacio y tiempo:
Espacio: Ocurre en la casa de la madre donde viven las hijas, la fuente donde se da el don y el bosque donde la hija buena encuentra al hijo del rey y donde la otra hija muere.
Tiempo:
Externo: Edad media.
Interno: tiempo rápido.

Estructura de la narración:
Estructura formal: Se estructura en párrafos.
Estructura del contenido: Abierta.
Orden de las partes de la narración: Primero se presenta a las hijas y después lo que ocurre con ellas.
Orden temporal de la narración: Empieza por el principio y sigue un orden cronológico.

Estilo narrativo:
Directo. Ejemplo: -Como no, mi buena señora -dijo la hermosa niña.

Narración y formas verbales:
La narración es en pretérito perfecto simple.

Los diálogos en presente.

Saray Gómez Cózar

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