viernes, 20 de noviembre de 2020

 

Texto Narrativo

Marta Belmonte Selva 1ºBachillerato C

Siempre he pensado la ambivalencia que me produce el otoño. La luz, la diferencia de ánimo, la constancia de que todo desaparece, que el verano, cuna de la luz, alegría y ocio, termina. Pero nada es para siempre, aunque lo parezca en ese momento; después de doce meses, todo vuelve de nuevo.

El otoño produce la tristeza del que siente siempre, del que se perturba por matices como el color, el olor o simplemente la dichosa rutina. Es ahora, en esta estación del año, en la que comenzamos a sentir y experimentar lo que para algunos es el otoño, sensaciones que nos traen recuerdos, añoranza…En cuanto a colores; todo se tiñe de tonos anaranjados, amarillos, marrones, verdes oscuros, ocres… Las hojas recién caídas de los árboles se cuelan en cada rincón de la ciudad o del pueblo. Esas nieblas y brumas, que dejan preciosos paisajes y gotitas de humedad por todo su recorrido. Huele a castañas asadas, a leña prendida en las chimeneas de muchas casas, a vela recién encendida y a café o chocolate recién hecho, acompañado por un bizcocho o torta recién horneada.

Y entre todas estas cosas, al lado del primer fuego elaborado de las ramas y recuerdos que el verano deja, y del silbido del viento que busca también su protagonismo, queda esa tristeza cómoda y a veces bien recibida porque en el fondo de todo, sabemos que siempre, irremediablemente, el otoño vuelve.  Empeñarse en lo contrario, es inútil.

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