Texto
Narrativo
Marta
Belmonte Selva 1ºBachillerato C
Siempre he pensado la ambivalencia
que me produce el otoño. La luz, la diferencia de ánimo, la constancia de que
todo desaparece, que el verano, cuna de la luz, alegría y ocio, termina. Pero
nada es para siempre, aunque lo parezca en ese momento; después de doce meses,
todo vuelve de nuevo.
El otoño produce la tristeza del
que siente siempre, del que se perturba por matices como el color, el olor o
simplemente la dichosa rutina. Es ahora, en esta estación del año, en la que
comenzamos a sentir y experimentar lo que para algunos es el otoño, sensaciones
que nos traen recuerdos, añoranza…En cuanto a colores; todo se tiñe de tonos
anaranjados, amarillos, marrones, verdes oscuros, ocres… Las hojas recién caídas
de los árboles se cuelan en cada rincón de la ciudad o del pueblo. Esas nieblas
y brumas, que dejan preciosos paisajes y gotitas de humedad por todo su
recorrido. Huele a castañas asadas, a leña prendida en las chimeneas de muchas
casas, a vela recién encendida y a café o chocolate recién hecho, acompañado
por un bizcocho o torta recién horneada.
Y entre todas estas cosas, al lado
del primer fuego elaborado de las ramas y recuerdos que el verano deja, y del
silbido del viento que busca también su protagonismo, queda esa tristeza cómoda
y a veces bien recibida porque en el fondo de todo, sabemos que siempre,
irremediablemente, el otoño vuelve.
Empeñarse en lo contrario, es inútil.
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