lunes, 16 de noviembre de 2020

 TEXTO NARRATIVO DE JESÚS, DE 1º BACH-A

ENZO

Son las cinco y cuarto de la mañana y Enzo lucha por salir de su cama. Ya está bien entrado diciembre y con el frío las sábanas cada vez pesan más. Después de un cuarto de hora revolcándose en su cama, Enzo consigue a duras penas poner los pies en el suelo, suelo que por lo frío que está, bien podría ser hielo.  Ha perdido un valioso tiempo dando vueltas en la cama, tiempo que tendrá que recuperar no duchándose, y recurre al viejo truco de echarse desodorante por todo el cuerpo, truco que podría llegar a funcionar si no lo hubiera utilizado dos días seguidos ya.

Se acerca al montículo de ropa que tiene en su mesa para ver si puede rescatar alguna prenda a medio uso y olfatea cada una de ellas .Se pone una sudadera y unos pantalones que aún no olían del todo mal. Enzo se lamenta hasta la cocina y comienza a rebuscar en los cajones algo que echarse a la boca, anoche no cenó y ya se va notando. Se encuentra los restos de una pizza de antes de ayer, no está muy buena pero tampoco espera encontrar nada mejor. Enzo devora la pizza acompañada de un café con leche y un buen porro que le deja un poco aturdido, y cuando se da cuenta es hora de ir al trabajo.

Enzo agarra su vieja chaqueta de la percha y se la intenta poner, pero tiene problemas con la cremallera y Enzo, que lleva prisa, decide irse sin chaqueta. No tarda en arrepentirse pues esa noche ha refrescado, siendo el mayor indicio de ello las fuentes congeladas. Iba Enzo pensando lo fácil que sería ir a la lonja si tuviese dinero para pagar el taller para su coche o para pagarse el bono del autobús cuando pisó un charco helado, por el cual patinó hasta aterrizar con la espalda en el suelo. Aún estaba en el suelo cuando oyó una risa detrás de él, se incorporó y cargó sin pensárselo contra el tipo que se había reído de él. Enzo era lento, y aquel muchacho esquivó sin problemas su golpe, y como no quería problemas se largó corriendo. Enzo comenzó a perseguirlo hasta que se dio cuenta de que era en vano. Tiene tan solo treinta años, pero ya se siente como un anciano, le duele todo el cuerpo, y más aún después del golpe. Resignado continúa su camino.

Llega al trabajo, y el primero en darle la bienvenida es el encargado, que le sermonea por llegar tarde de nuevo. Empieza a descargar esas pesadas cajas hasta que nota como la pizza que se había comido empieza a revolverle el estómago. Corre al baño y un hedor le azota, parece que alguien se le ha adelantado. Termina su misión y una vez más no hay papel, lo que no es un problema para Enzo, que va cargado de pañuelos de papel. Sale del baño y continúa con su trabajo hasta la hora del almuerzo, en la que tiene que aguantar al plasta de su compañero. A Enzo le encantaría estar solo, pero es el que lo cubre cuando se escaquea y prefiere no enfadarlo. El tiempo pasa deprisa y enseguida tiene que volver al trabajo.

Por fin sale de trabajar y su teléfono vibra; son sus amigos que le invitan a tomar un trago. Enzo sabe cómo acaban estas quedadas y decide decirles que no irá y  empieza a escribir un mensaje con alguna mala excusa, pero antes de enviarlo se arrepiente y acaba aceptando la propuesta. A Enzo le gusta pasárselo bien

Cerveza, buena comida y mejor compañía, Enzo por fin disfruta después de un largo día. A Enzo y a sus amigos se les da mal controlarse y la tarde se termina complicando. Enzo ya veía borroso cuando su amigo Daviles le ofrece velocidad. Había jurado que no la iba a volver a probar, pero, ¿qué podría pasar por una más?

Enzo de nuevo vuelve a su casa arrastrándose, gracias a la ayuda de su fiel amigo Borja, que es quien piensa por el cuándo está es sus peores momentos. Borja lanza a Enzo a su cama, lo arropa, le pone el despertador para el día siguiente y abandona la casa compareciéndose de su amigo.

Son las cinco y cuarto de la mañana, y a Enzo le escuecen las luces. Se dirige hacía el baño, tropezándose varias veces por el camino. La escena es lamentable. Por fin llega y mira fijamente al espejo y al extraño que se refleja en él. Sus ojeras solo son comparables a las de un oso panda, en la cara tiene heridas que ni siquiera recuerda como se hizo, y su piel es gris como la ceniza. Enzo le promete al extraño del espejo que algún día cambiará esta historia, pero el extraño sabe que es mentira.

No hay comentarios:

Publicar un comentario